No es fácil para ningún humano recibir sentencia de muerte; aún a los viejos le cuesta desprenderse de la vida. Recuerdo el abuelo de una amiga de adolescencia, quien le confesaba por qué era más difícil morir de viejo, al ella decirle que morir no debía preocuparlo dado que ya había vivido mucho y él le respondió: «Cuando eres joven tienes poco que perder; ya viejo, has acumulado mucho: Familia, amigos, éxitos, propiedades, y te confieso que es duro desligarse de tanto»; Así es, es duro desligarse.

Ezequías a pesar de ser joven, experimentó esta misma sensación de desligarse. Leamos su cuadro angustioso en Isaías 38:10-15 «Yo dije: «¿En la flor de mi vida tengo que entrar en el lugar de los muertos? ¿Acaso seré privado del resto de mis años?». Dije: «Nunca más veré al Señor Dios en la tierra de los vivos. Nunca más veré a mis amigos ni estaré con los que viven en este mundo. Se me voló la vida como la carpa de un pastor en medio de una tormenta. Fue cortada, como cuando el tejedor corta la tela del telar. De repente, mi vida se había acabado. Esperé con paciencia toda la noche, pero me sentía como si unos leones me estuvieran despedazando. De repente, mi vida se había acabado. En mi delirio, gorjeaba como una golondrina o una grulla, y después gemía como una paloma torcaza. Se me cansaban los ojos de mirar al cielo en busca de ayuda. Estoy en apuros, Señor. ¡Ayúdame!». Pero ¿qué podía decir? Pues él mismo envió esta enfermedad.» Isaías 38:10-15
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Este último verso, expresa la verdad angustiosa de los corazones en crisis: «Estoy en apuros, Señor ¡Ayúdame!», expresó el rey, así como Jesús oró para que le quitaran la copa, pero poniendo sus propios deseos dentro de la voluntad del Padre, (Lucas 22:42); debemos saber lo que todo cristiano maduro sabe, que toda oración circulará por el proceso que terminará en el mismo destino: «Tu voluntad no la mía, Señor»

La voluntad de Dios es infinitamente más sabia que mi débil comprensión, el ciclo de cada oración angustiosa debe desplazarse de nuestros deseos humanos frenéticos a la obediencia amorosa y confiada. Nuestras lágrimas y plegarias son reacciones comprensibles a la condición de la enfermedad nuestra o de un ser cercano a nosotros, pero debemos admitir que no podemos predecir cómo responderá el Señor, a pesar de que él se conmueve por nosotros (Salmo 56:8). Respuesta de Dios a Ezequías: «Regresa y dile a Ezequías: Esto dice el Señor, Dios de tu antepasado David: ‘He oído tu oración y he visto tus lágrimas. Te añadiré quince años más de vida. Isaías 38: 4-5 NTV

Mientras que a Jesús le respondió de ésta manera: «Padre, si quieres, te pido que quites esta copa de sufrimiento de mí. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía». Entonces apareció un ángel del cielo y lo fortaleció. Oró con más fervor, y estaba en tal agonía de espíritu que su sudor caía a tierra como grandes gotas de sangre. Finalmente se puso de pie y regresó adonde estaban sus discípulos, pero los encontró dormidos, exhaustos por la tristeza.» Lucas 22:41-45 NTV. A Jesús el Padre lo fortaleció para que se entregara a morir. Dios es Dios de propósitos, que siempre nos responderá en la agonía de la muerte o la enfermedad. Jesús fue fortalecido y siguió el plan. Ezequías fue sanado.

Cualquiera de las dos respuestas del Padre, responden a su perfecta voluntad, ¡que es mejor!

Pregunta:

¿Quiero respuesta a mis oraciones según la voluntad de Dios o la mía?

Oración:

Padre gracias porque siempre nos escuchas, gracias por los modelos que nos das en la palabra, Gracias por Jesús. Amén.

Oración por los enfermos:

Padre te pedimos en el nombre de Jesús la sanidad para aquellos que padecen enfermedad; que tu infinito poder, provea para ellos la salida según tus divinos propósitos: medicina, atención, salud, fortaleza, fe. Amén.

Memorizar:

Jeremías 29:11

Hasta mañana, si el Señor lo permite.

Preparado por:
Pastora Beris Castellanos
Para la Iglesia La Grey Ciudad Fiel

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