Ya arribamos al final de esta serie; hoy es domingo de resurrección, afirmemos nuestra fe. Ayer arribamos al fin de la Historia del rey Ezequías, de la que aprendimos mucho para el manejo de la ansiedad por enfermedad.

Pasemos a la luz de las escrituras a trabajar algunas acciones prácticas para enfrentar las ansiedades por enfermedades.

Imagínese que hoy tuviéramos aquí a Ezequías procesado con la experiencia que vivió y lo entrevistáramos, pidiéndole que nos diera 5 tips, para afrontar la enfermedad, escucharíamos algo así:

1. Centren su mente.
2. Cuenta tus bendiciones.
3. Continúa tu trabajo.
4. Reclama tus promesas.
5. Considera tu futuro.
(Dr.David Jeremiah en su libro ¿A qué le tienes miedo?)

Estos tips nos ayudan a poner la ansiedad en su lugar.

1. Centrar nuestras mentes significa tener una mente disciplinada; esto se logra capturando los pensamientos rebeldes y engañosos. ¿Cómo? Obedeciendo a Cristo. 2 Corintios 10:5

Cuando un pensamiento no es de Dios y entra en nuestra cabeza, debemos examinarlo a la luz de la Palabra. Ej: «¡Estoy enfermo/a, Me voy a morir!» Lo llevamos cautivo así: ¿Tiene éste pensamiento alguna base con la realidad?, ¿Qué me dice Dios al respecto? (Lo sabremos yendo a la oración y consultando a Dios.) Sí, aunque no nos sintamos bien, podemos orar y leer la Biblia; si no podemos leer, porque no haya fuerzas, Dios enviará palabra con sus Elías. Lo que Dios dice, es lo que debemos creer.

Recordemos lo aprendido, en los devocionales anteriores:

⁃ Ser sinceros y tener confianza de pedir en su misericordia y compasión.

⁃ Dios tiene un propósito que cumplir con nosotros.

⁃ Concediendo la soberanía en nuestras vidas.

⁃ Ligándonos a Él, no a nuestros logros o posesiones.

⁃ Escoger su perfecta Voluntad.

⁃ Creyendo que sus planes o pensamientos para nosotros son de bien y no de mal para darnos el fin que esperamos, pues todo obra para bien. Romanos 8:28; Jeremías 29:11

2. Celebrar las bendiciones, hablar de ellas, es una manera de obedecer.
Filipenses 4:8 dice que pensemos en lo bueno… Al hablar con otros liberamos palabras de fe.

En épocas de enfermedad, nuestras bendiciones llegan a ser más claras, más ricas y más significativas. Algo terapéutico ocurre cuando en lo profundo del corazón contamos las bendiciones.

Entrenarnos para localizar las flores silvestres en el desierto ayuda. Alegrarnos en las oraciones, en una nota de voz, en el cuidado compasivo de una enfermera, en la sonrisa de un doctor, en el verso de un himno en la mente, en un vecino que nos ayuda, en un versículo de la Biblia que llega justo en el momento, un medicamento que disminuye el dolor, nos hace evidente la presencia y ayuda del Espíritu Santo quien nunca nos deja.

La enfermedad nos libera de la tiranía de estar limitados a un cuerpo físico en deterioro y es liberador darse cuenta que la enfermedad no define quienes somos, que somos más que nuestros achaques y dolores. Notarás que empezarás a bendecir a Dios por cada cosa buena que tienes en vez de quejarte de lo que careces.

La enfermedad enseña lecciones que no se aprenden en salud. El predicador Thomas Watson
dijo: «Un lecho de enfermo enseña más que un sermón» ¡Cuánta sabiduría hay es ésto!

3. Continuar trabajando, ¿Cómo?, ¿Enfermo? Sí, trabajar siempre hace bien, aunque tengamos que cambiar el tipo de obra que acostumbramos a hacer. «Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.» Efesios 2:10 NTV

«No solo se trabaja en los días que te sientes bien, sí lo haces así, no lograrás mucho en la vida», dijo Jerry West, miembro del salón de la fama de la NBA.

El profeta Elíseo aconsejó aún en su lecho de muerte; Cristo salvó a uno de los malhechores profetizándole en la cruz.
¿Qué estamos nosotros haciendo en medio de los tiempos que vivimos?, ¿quejándonos?, ¿temerosos?, ¿escondidos? (No me mal interprete, esconderse no es sinónimo de «Quedarse en casa», ésto último es obedecer y esconderse es sinónimo en nuestro contexto, de no recibir información, de no hacer una llamada para hablar con otros y predicar con amor, de no orar, de encerrarse en su mundo y mente creyendo que este es el final) En la enfermedad se puede trabajar con su respectivo descanso.
El trabajo da significado a nuestras vidas aún en el lecho de muerte. Trabajar trasciende a producir dinero. Es una labor efectiva y necesaria para producir bien, tanto al beneficiario como al beneficiado. Trabajar en medio de la enfermedad, mantiene ocupados y se constituye en una buena medicina, ahora bien, requiere un cambio de paradigma para hacer algo constructivo desde la limitación que afronte.
Me pregunto, ¿qué labor supera la oración o el testimonio para la salvación? Siempre tenemos algo que hacer. Hay muchos testimonios de personas enfermas que realizaron ¡Grandes obras!

4. Reclama tus promesas.
Juan 11:4 NTV.
«Cuando Jesús oyó la noticia, dijo: «La enfermedad de Lázaro no acabará en muerte. Al contrario, sucedió para la gloria de Dios, a fin de que el Hijo de Dios reciba gloria como resultado».»

La enfermedad trabaja dos propósitos fundamentales: Nuestro bien y la Gloria de Dios. La enfermedad nos lleva a cambiar nuestro enfoque de lo terrenal a lo celestial, lo que puede jugar un papel importante en nuestra salud física, emocional y espiritual.

Jesús demostró que aún la muerte puede glorificar a Dios. Es muy interesante ver que Jesús no dijo que la enfermedad de Lázaro no incluiría muerte, más bien que no terminaría ahí. Juan 11:4

Tengamos la valentía y certeza de reclamar por promesa que aunque nuestras enfermedades pueden incluir muerte, no terminarán en muerte, pues también seremos resucitados, por la resurrección de Cristo. ¡Wao! ¡Dios se glorifica aún en medio de la enfermedad y la muerte!

Esta verdad nos ayuda a enfrentar las amenazas a la vida y podemos reemplazar el temor o ansiedad con la determinación de glorificar a Dios, quien hace que todas las cosas resulten de acuerdo con su plan.

5. Considera tu futuro.
Romanos 8:18 NTV.
«Lo que ahora sufrimos no es nada comparado con la gloria que él nos revelará más adelante.»

Todos alguna vez hemos experimentado el tener un evento significativo en nuestras vidas y en medio de ese tiempo nos ha pasado algo doloroso o indeseado, pero se torna irrelevante ante el gran momento que vivimos.

⁃ Tómese unos minutos y haga memoria de uno de ellos.

Por ejemplo:
Es como sufrir una cortadura con un cuchillo en la cocina, mientras preparamos un rico bocadillo que serviremos en la boda de un hijo, ¿Quién le da mente a eso? Sin minimizar lo doloroso de una enfermedad, es la alegoría o comparación ante la enfermedad y nuestra resurrección.

En mi vida que ya no es tan corta, he visto que muchos de los temores y ansiedades en la vida de los cristianos con respecto a la enfermedad se deben a:

⁃ Ligaduras de alma.
⁃ Inseguridad de salvación.
⁃ Miedo al dolor
⁃ Miedo a un desenlace traumático.
⁃ Miedo a problemas financieros.
⁃ Miedo a una enfermedad larga.
⁃ Miedo a sufrir.
⁃ Miedo a ser estorbo.
⁃ Miedo a no vivir.

Al identificar estas condiciones y temores que generan ansiedades, no pretendo hablar uno por uno de ellos, pero sí motivarte a buscar a Dios y hablarle de ellos para que seas librado. El lo hace. Salmos 34:4

Yo puedo testificar que le temía a la muerte, «a no estar» y Dios me permitió experimentar muerte a través de una cirugía, donde me fui y no existí. Fue algo tremendo, cuando luego desperté, hice intentos de recordar dónde estaba y todavía hoy no puedo ubicar dónde; se perdió el tiempo, el espacio, no vi túnel, ni una luz, solamente no estaba, como el recuerdo de mi vida intrauterina, nada, pero viva ¡qué paradoja!

A excepción de experiencias particulares de otros testimonios y de la Palabra, creo que así será el sueño al morir, con la esperanza y la seguridad de que un día vamos a despertar. Ese es el futuro que aguarda para el cristiano.

Un predicador dijo una vez:
«La enfermedad cuando se santifica, nos enseña cuatro cosas: la vanidad del mundo, la vileza del pecado, la impotencia del hombre y lo valioso que es Cristo» ¡Cristo es Todo para mí!

Estoy segura de que al considerar las enseñanzas de estos devocionales poniéndolos en práctica, la ansiedad por enfermedad que amenaza, la pondrás en su lugar.

Lo que nos lleva a sentir incertidumbre es la falta de conocimiento y la falta de Fe. De ahí que, al obedecer los principios bíblicos de la disciplina mental y al conocer y aceptar que como vinimos nos iremos en una ley natural de la vida, (Hebreos 9:27), seremos alentados a permanecer en paz y guíados a desligarnos de aquello que es transitorio para ligarnos a lo eterno y verdadero; añadamos sentido a nuestro paso por la tierra, celebrando cada día, unidos al propósito de Dios y listos a disfrutar de mejor vida el día que nos toque irnos con él. Si dan un ¡Amén! de corazón, confirmaré que se fue la ansiedad.

¿Dónde está oh muerte tu aguijón, dónde oh sepulcro tu victoria? Sorbida es la muerte en Victoria. 1 Corintios 15:55

Hasta que no se cumpla el propósito, no nos vamos; mejor aún, cuando terminemos, tenemos un viaje, y lo que nos espera, Shhhhh, es mejor… Todo en Su Tiempo. «Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia» Pablo.

«Porque mejor es el día de la muerte que el del nacimiento» Eclesiastés 7:1

«Estimada es a Jehová, la muerte de sus Santos» Salmos 116:15

«Porque mejor es el fin del negocio que su inicio,» Eclesiastés 7:8

En Nuestro Padre nos ha sido otorgada una nueva residencia, con ciudadanía incluida, pasaportes listos, visados y nos espera con vivienda cómoda… Nos pondrá descansar primero, para luego despertarnos y llevarnos a las bodas del Cordero y allá estaremos en nuestras mansiones gloriosas, o ¿apartamentos?, jeje! ¡para siempre!, casi me da deseos de irme… Pero aún debo continuar trabajando aquí, hasta aquel día. Con tan Grande Esperanza, ¿quién le temerá a la muerte si ha creído al mensaje del Señor?

Jeremías 29:11, nos dice que Dios tiene planes contigo y conmigo, descansemos en él.

Oración:
Gracias Señor por estas enseñanzas que nos sanan de ansiedad. Gracias por este tiempo en el que estamos apartados. Permítenos ocuparnos de lo que tenemos que hacer y de descansar en tus promesas; Siempre me quitaré los temores y ansiedades, buscándote y creyendo lo que me dices, En el nombre de Jesús, nuestro Sanador y Salvador, Amén.

Agradecida por su tiempo y atención, orando por la edificación y estableciendo la visión del Reino de Dios, me despido,

Cerca, Lejos y Siempre, en la luz del Reino,
Pastora Beris Castellanos

Para La Iglesia La Grey Ciudad Fiel

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